Las mariposas de la carta

Mis palabras se mecieron en el viento y comenzaron a desintegrarse por la lluvia de mis ojos. El significado de tus palabras empezó a llevarme a un sueño, un sueño del que no quería despertar.

Llegada la primavera, la época de los renaceres y de las esperanzas, mi corazón se marchitaba. Dentro de mí llegaba el invierno, una época de frío y soledad.

Pasaban y pasaban las tardes. Bajaban y bajaban los crepúsculos pero mi corazón seguía tan apagado como un animal deshabitado  de vida. Hasta que una tarde crepuscular en que los almendros lloraban blancos pétalos descubrí un mágico lugar.

El suave sonido de la claridad hídrica insuflando armonía y el perpetuo acorde del movimiento verde me hizo acomodarme en la marmórea cornisa. Un movimiento; una sombra cruzó mis ojos y dejó caer una carta a mis pies. Cuando alcé la mirada, había desaparecido.

La palpé, la abrí, la leí.

Tus ojos me recuerdan al mar,

Porque me hacen alcanzar,

Las profundidades de mi corazón,

Muerto por esta sinrazón.

Desde que te ví, no puedo vivir. Desde aquella tarde celestial —entre las atolondradas mariposas aleteando por mi estómago— no puedo olvidar esa sonrisa de espiral. Una mirada que no dejo de pensar.

Una carta, unas palabras. Una declaración.

Cartacarta

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