Cupido dejó que llegase al Olimpo

Un mar rojo hizo colorear la transparencia en calma de la fuente. Allí, se encontraba enclaustrado un alado ángel que descansando de su vuelo, presenciaba la agonía.

El frío empezó a entrar en sus venas como un soplo de aire que se cuela entre la rendija de una ventana. Su camino abarcó todo su interior, hasta llegar al lugar dónde parte el amor. Allí se quedó. Permanente.

Cuando Jasón consiguió despertar, Medea empezó a recordar: Cupido había clavado en su corazón una flecha que le hacía sentir una gran pasión.

Ese suave sensación de serenidad me dejó atolondrada, enajenada. Por fin comprendí ese sentimiento que parte de una flecha y que, de repente, te traspasa.

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