El Baúl: Germán Martínez González

Hola, hola, hola, queridos amigos.

Dicen que el ser humano solamente se enamora dos veces en la vida.

La primera vez que nos enamoramos es ese primer amor, el amor verdadero. Esa persona que hace que se nos escape la respiración y que por mucho que pase el tiempo nunca dejarás de querer.

La segunda vez que nos enamoramos, lo hacemos de aquella persona que te completa y que eliges para que sea tu compañero de vida para formar una familia y envejecer juntos.

Y tú, ¿con cuál te quedas?

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Reencuentro

El reloj de la iglesia marca las doce y cincuenta y ocho. Dos calles más allá, a la salida del gimnasio, un hombre. Treinta y pocos años. Con camisa y vaqueros, arreglado pero informal. Una bolsa de deporte sobre su hombro derecho, el pelo todavía mojado pero bien peinado y el moreno en la piel. Él mira su reloj de marca y observa que las agujas marcan en punto. Comienza a andar, se dispone a bajar por la gran vía, minutos más tarde se detiene. El semáforo en rojo, no puede cruzar la calle y la gente empieza a amontonarse.

En el otro lado de la calle, una mujer de misma edad. Piel clara, pelo oscuro, ojos marrones y una dulce sonrisa. Bien arreglada, camisa, falda y zapatos de tacón. El pelo recogido y cogida a su mano una niña pequeña, su hija de seis años.

La gente continúa agrupándose a ambos lados de la calle, junto a los semáforos a la espera de que estos cambien de color.

¡Verde! La gente comienza a caminar como si no hubiese mañana. Parecen dos frentes antes de la batalla. Cada uno lleva un rumbo y un destino por lo que nadie se queda en medio del camino. Todos cruzaron sin mirar atrás excepto una persona, Pablo. Este se quedó quieto unos segundos al ver la niña de seis años. Se quita las gafas y al darse la vuelta fija su mirada en aquella mujer. Se quedó un instante paralizado, pero no dudó en ir tras ella. Sin hacer ruido se acerca por detrás mientras que con una mano tapa sus ojos. Ana se asustó y obviamente la niña más.

Extrañamente miles de recuerdos vinieron a la mente de Ana. Antes de que Pablo pudiera decir nada esta se dio la vuelta.

Al darse la vuelta Ana pudo ver quién le había tapado los ojos. Frente a ella Pablo, con una sonrisa de oreja a oreja. Ana todavía alterada. Ninguno de los dos dice nada hasta que finalmente Pablo rompe el silencio con un, ¡Hola cariño!

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Germán Martínez

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