En un ángulo rojo del salón

El suave sonar soplaba entre las carcomidas paredes del salón enmudecido por la tragedia. Allí estaba. Sepultado por un manto rojo. Un mar rojo se extendía entre las baldosas centenarias de la estancia como el viento se adentra entre los recovecos de una fosa.

Todo el salón empezó a tener un olor a frío, una impenetrable brisa antártica se introdujo entre las entrañas del sepultado. Este empezó a exhalar su último aliento.

Asombrado, escuché un saliente sonido que se dirigía a mí.

Caí.

Desperté sentado,

atado,

a oscuras.

Una luz cegadora me dejó caer entre las rocas. Mi cuerpo acabó centelleado por los filos del arma.

Solo recuerdo haberme visto entre la ventana del salón, cubierto de sangre, exhalando el último aliento.

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