El Baúl: Germán Martínez González

Hola, hola, hola, queridos amigos.

Continuamos con el relato, “Naufragio de Recuerdos”

—-

“He venido en cuanto he podido” dice Helena nada más llegar a casa de su hermano. Diego la mira fijamente y entre sollozos dice, “papá se nos va”. Bernabé se encuentra en la habitación, sobre la cama y en posición fetal. Helena duda en entrar o no, tiene miedo. Se queda junto a la puerta sin poder entrar mirando a su padre.

Diego se acerca por detrás mientras Helena comienza a decir,

“No es justo, hagamos lo que hagamos no vamos a poder curarle y eso es muy duro. Mírale Diego, está sufriendo. Ya no sabe quiénes somos. Hemos estado todos estos años a su lado y no recuerda quiénes somos.”

Diego le coge de la mano, “Puede que su memoria no se acuerde de nosotros, pero su corazón no se olvidará de nosotros si nosotros no nos olvidamos de él” Helena aprieta la mano de su hermano con fuerza y decide entrar para estar junto a su padre.

Helena y Diego ayudan a incorporar a su padre un poco, iban a cambiarle de ropa pero Bernabé les paró, miró fijamente la puerta del estudio, agarró fuertemente las manos de sus hijos y dijo muy suave y despacio, “Todo al final acaba bien”. Finalmente se apoyó sobre el cabecero de la cama, su pecho dejó de moverse, sus manos perdieron fuerza y sus ojos se cerraron definitivamente. Segundos de silencio en aquella habitación, tan solo se podía escuchar el sonido de las lágrimas de sus hijos al caer. Helena rompió el silencio con un “se ha ido”.

Horas después, Diego entró al estudio cerrado meses y vio un sobre bajo una foto de ellos de pequeños junto a su madre. Cogió el sobre y pudo ver su nombre y el de su hermana escritos.


Queridos Diego y Helena.

Últimamente siento que vivo en una incertidumbre. Poco a poco voy olvidando las cosas. Cada día que pasa siento que soy un extraño de mi propia vida. No sé de dónde vengo ni dónde voy.

Tengo miedo, tengo miedo a despertarme un día, mirarme al espejo y no saber quién es ese hombre. Miedo de olvidarme de vosotros y pánico de que vosotros os olvidéis de mí. Pronto el señor me tocará el hombro y me llevará con él. No quiero irme, espero que haya alguien que cuide de mí cuando ya no pueda caminar. Espero que haya alguien que me dé fuerzas y libere mi corazón cuando esté cansado. Tengo miedo de ese lugar entre la luz y ninguna parte. Hay una silueta, hay un fantasma a lo lejos cuando me voy a dormir pero sé que hay esperanza. Que mis hijos son mi esperanza.

Me olvidaré de vosotros, caeré a los pies de ese fantasma pero vosotros cuidareis de mí hasta llegar al final, al lugar donde no quiero ir, al punto de no retorno.

Cada uno en la vida, tiene su camino y tiene su equipaje, sería inútil tirarlo.

Creo que tan solo me quedan dos cosas por decir, perdón por todos los errores que he podido cometer con vosotros a lo largo de mi vida y gracias por lo que estáis haciendo por mí y por los días que os esperan antes de que me vaya.

 

Recordad. Todo al final acaba bien.

 

Sois mis hijos y os quiero. Eso nunca lo olvidaré.

Germán Martínez

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