Carta VI

Estimados amigos:

Hoy en mi espacio dedicado al Romanticismo, os dejo un “suspirillo” que escribí en el año dos mil doce. Por aquellos entonces me enamoré de un amigo madrileño, quien me contaba sus avatares amorosos: desamor, aventuras, desventuras, quereres, olvidos…

En mi afán de protegerlo, de consolarlo, creció en mí un sentimiento de amor hacia él que trataba de disimular, puesto que yo era la amiga y la confidente. De ahí, estos versos donde se contrasta el sentimiento con la “careta”, con tratar de disimular día a día, de esconder al máximo mis sentimientos, para que él no se diera cuenta de que lo amaba y, así, no corría peligro nuestra amistad.

Pero, al final, se enteró y no por mí. Siempre me arrepentiré de lo cobarde que fuí, de no habérselo dicho…

Y DICE ASÍ:

“Alma que flamea de forma especial
ese cándido abrazo en que me quemo,
esa pasión desatada en la que creo
latido de amor, aireado en vendaval.

Escondido tras careta carnaval
es mi rostro delator de mi deseo,
que esconde el latido como a volteo
siendo frágil, temeroso, este cristal.

Dormida en imaginación y sueño,
ilusa de un sonar de verso tierno,
te busco, te quiero y sigo en mi empeño.

Qué injusta guerra entre cielo e infierno,
alegría y tristeza en mi barreño
¡Ah, primavera! que traes el invierno.

 

P.D.: Desde entonces prefiero decir la verdad y eso no es mejor ni peor, pero lo prefiero a pensar ¿y si…?

 

Fdo: Yda, simplemente, nadie

Yolanda Ruano Laparra

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