Frente al astro, una tragedia

La suave cortina del aire empezaba a condensarse como una fina capa de luz que ante mis ojos se extendía entre el cielo y la tierra. Una llama azul caía en mi tez como el rocío que guardan las rojas esmeraldas.

Te imaginaba, te soñaba, te dibujaba. La luna era mi confidente, la luna era testigo de lo que iba a pasar.

Las brillantes y frías estrellas rompían en la pared rocosa. En el mar veía dibujado el reflejo de tus ojos, quería cogerlo, atraparlo, tenerlo entre mis manos. Pero ese recuerdo, poco a poco, se difuminaba, se aclaraba, se humedecía entre las olas.

De pronto, un fría brisa entre mis piernas pasó. De pronto, mis ojos se cerraron tan rápido como la gota de lluvia que de las nubes cae, incesante, incompresible, irrelevante entre las demás.

Así. Al caer. Entre la mirada brillante del astro. Después, humedad, oscuridad, la nada.

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