El sapo de mi sueño

La catedral estaba sola y…. abrió, entró y reconoció a la Regenta, desmayada. Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia; y por gozar un placer extraño, por probar si lo gozaba, inclinó el rostro asqueroso sobre la Regenta y … había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.

Aquella tarde vi como la tenue luz que entre los barrotes me iluminaba, entonces comprendí que la pida poco a poco se apagaba en mis adentros, así, sentí la llamada de la oración, la llamada del Señor entre aquellas columnas. Me dediqué en cuerpo y alma a la fe en la que había crecido, en la fe que había estado junto a mi hasta el momento en que aquel sapo me dio a entender el verdadero significado de la vida.

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