CARTA DE ALEJO CARPENTIER

 

Hoy me he decido por el escritor cubano Alejo Carpentier que en su día fue inmigrante. Tan solo quien lo es, sabe las penurias de estar lejos de la patria… y más aún de una madre…
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El epistolario incluye sólo una carta redactada fuera de París y comenzó a escribirse en francés, el idioma que según los especialistas usaban en su conversación el novelista y su madre, cuyas misivas no se conservan.

“Es una correspondencia que tiene una información importantísima sobre los años de formación de Alejo en París, que son trascendentales para toda su vida posterior” dijo Rafael Rodríguez Beltrán, vicepresidente de la fundación Alejo Carpentier en Cuba.

La correspondencia inédita que sostuvo el escritor cubano Alejo Carpentier con su madre, a quien llamaba de Toutouche,  entre los años 1928 y 1937, mientras vivía en París.

 

13 Toutouche, Toutouche,

Hoy por la mañana recibí tu carta con los 2,50 francos.

Nunca podrás imaginarte la tristeza enorme que me causó esa carta ¡Es una verdadera tragedia! Tu mudada, sobre todo, es algo terrible. ¿Es decir, que, por seis pesos, no pudiste seguir viviendo con gente que te quería y te cuidaba? ¿Y vives ahora en un cuarto de doce pesos? ¡Cuando pienso que lo único que me tranquilizaba respecto a ti era que vivieras con la vieja y con Oscar, como en familia! ¡Ahora vives sola! ¡Y por seis dólares! ¡En qué estado de miseria debes vivir!

Toutouche, es absolutamente inútil seguirse ilusionando: yo no puedo seguir viviendo en Europa. Esto tiene que acabar. Desde ahora mismo voy a comenzar a arreglar mi viaje de regreso. Esto que yo estuviera en París y tú allá, no pasa -me doy cuenta de ello- de ser un mero sueño. Y de un sueño no se vive. Cuando las realidades cotidianas se plantean con la rudeza que me revela tu carta, no se puede pensar en éxitos ni en gloria. Y no creas lo más mínimamente que considero que me perjudicas en algo. Toutouche, tú has hecho por mí todo lo que hubieras podido; has hecho cosas superiores a tus fuerzas. Eres lo único de valor que tengo en el mundo y no voy a dejar que, a estas alturas, después de tu abnegación, de tu heroísmo, estés padeciendo por querer mantener una situación que no es más que una situación falsa. Vives mal, muy mal; tu mudanza lo revela. Pero no tienes el valor de decírmelo, porque temes dañar en algo mi carrera. Estás haciendo nuevos gestos de heroísmo. Pero eso no puede durar; te lo repito, nuestra situación es falsa; enteramente falsa. A través de tu carta, he descubierto toda una tragedia. Por no pasar ratos como el que me dio tu carta, esta mañana, leyendo entre líneas, valdría la pena regresar.

Es cierto que todo me va bien aquí; que he llegado con una suerte maravillosa. Pero las cosas no van todo lo pronto que deberían… y mientras tanto, te veo sola, delicada, triste, encerrada en un cuarto pequeño, con mala luz, teniendo apenas con qué vivir (si necesitabas seis dólares ello lo prueba).

No Toutouche, eso no puede seguir. Te ruego que no me mientas más, pintándome una situación de bienestar y de comodidades que no tienes. Ya veo toda la verdad.

Déjame estar aquí unos meses más. Quiero poder arreglar desde París cosas que podrán hacerse más fácilmente a distancia, y después regreso. Yo, moralmente, no puedo seguir en esta situación.

No creas que te culpo de nada; te repito que has sido de un heroísmo y de una abnegación admirables. Mi cariño por ti aumenta cada día. Por ello me declaro incapaz de seguir viviendo gratamente en Europa con la imagen de ti que adivino entre tus líneas. ¡Mi último consuelo era, hasta hace poco, que estuvieras con la vieja Rita y esa gente que dan un calor de familia! ¡Y te has tenido que mudar! ¡Y por qué cantidad!

Toutouche, te mando esta carta con la muerte en el alma. Cuando pienso que tu respuesta tardará por lo menos un mes, no sé qué hacer.

Lo que te ruego es que no me ocultes nada. Invoco tu cariño de madre para que me digas la verdad, toda la verdad. Y desde hoy mismo voy a comenzar a arreglar lentamente las cosas para mi regreso.

Te mando un beso, querida Toutouche, te mando un beso muy grande.

Alejo Carpentier.

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